Berta López nace y muere habitualmente en Madrid.

Tras inacabar arquitectura por apostasía y deserción, inicia un periplo de deriva que la mantiene desubicada y deslocalizada durante el resto de sus días, y de sus noches de un modo más rotundo.

Berta incluye la pintura, el grabado, la caligrafía, el collage, el tatuaje, la ortodoncia, el bordado, la fotografía, la plancha y la recogida hiperrealista entre sus labores.